Texto y fotos: INTERMEDIA ZONA NORTE
Intermedia Trujillo.- Mario Vargas Llosa regresó a Trujillo y a la feria del libro después de 6 años. Volvió esta vez para contar cómo escribe una novela teniendo como fondo el sonido de las olas de Huanchaco, a la altura de la Maquina de Arcilla de Emilio Rodríguez Larraín, obra que se ejecutó en 1987 durante las bienales culturales que vivió Trujillo a finales de los 80 y principios de los 90s.
La organización de la IV Feria levantó sobre la orilla de Huanchaco un estrado debidamente equipado con equipos de iluminación. Aunque ver a Vargas Llosa dirigirse al público con el ocaso rojizo de Huanchaco hubiera sido lo ideal. No fue así, pues aunque nuestro primer novelista llegó a las 6.35 de la tarde, hora precisa del sunset huanchaquero, tuvo que sentarse a espectar el programa de la Municipalidad Distrital de Huanchaco, consistente en las danzas típicas “Los Diablos de Huanchaco” y “Los Negritos de Catamblá”; y los cantos de las “Pallas” y “Pastorcitas”.
Luego de las palabras de rigor y bienvenida a cargo del alcalde de Huanchaco, Fernando Bazán Pinillos y de la presidenta de ATAL, Adriana Doig, bajo tonos amarillos y rojizos fue posible tener solo en el estrado a MVLL, que vestía casaca gris impermeable y camisa desabotonada en el cuello. Lucía –como han apuntado otros medios- más flaco de lo que estamos acostumbrados a verlo en las fotografías.
La primera vez que estuvo en la Feria de Trujillo, Vargas Llosa se dirigió a los trujillanos desde un recinto preparado en la plataforma superior de la Huaca de la Luna y versó sobre Flora Tristán, está vez el tema giró en torno a “Los secretos de un novelista”, y donde contó lo que ya no es un secreto, el tema de su próxima novela: “El sueño del Celta”, que según sus propias palabras aún está en los inicios, e inspirada en Róger Casement, un controvertido personaje irlandés que denunció los abusos en el Congo.
“Adriana Doig Mannucci me hizo dar una conferencia en un escenario qué yo creí que no podría ser superado jamás, la Huaca de la Luna, uno de los sitios más bellos que he visto, y desde el luego el sitio más bello donde yo había dado una conferencia hasta entonces, pero veo que este año, sino ha superado ha encontrado un escenario tan bello, tan inesperado, como el de aquella primera feria”, fueron las primeras palabras del novelista que durante la hora que le tocó estar en este escenario no aburrió para nada y si arrancó más de una carcajada.
LA VERDAD LITERARIA
En la conferencia –ante más de 5 mil personas- que simula ser un diálogo con un periodista, Vargas Llosa defiende la “verdad literaria” por encima de la “verdad histórica”, pero estrictamente cuando se escribe una novela.
“¿Está bien mentir? Eso está bien si escribo una novela. Una novela es una mentira, es una historia que no ha ocurrido, es una historia que ocurre en el papel, con personajes, hechos y acciones pensamientos que son palabras, es una historia que vive allí dentro del libro que la contiene y esa historia debe seducir, persuadir al lector por sus propios medios, pues una novela vive o muere por ella misma, no por cosas que ocurren en la novela una novela puede ser buena pero si no convence al lector entonces le parece una mentira. Lo importante a es que al lector le parezca una verdad, y esa verdad no es una verdad histórica, sino una verdad literaria”, arguyó.
Y citó grandes novelas que ilustran su argumento, caso La Guerra y la Paz, y el mismo Don Quijote.
¿Qué cosa tiene una novela que la realidad no tiene? Pues el orden, la vida diaria es un caos, pero en una novela se conoce lo que hará un personaje, y cuales son las consecuencias de cada acto de los personajes. Las novelas nos dan una idea coherente de la realidad que no es coherente. Por eso un novelista no se debe tener miedo de mentir
Y cuando llegó la hora, decidió cortar su conferencia, pues a similitud de las novelas hay que saber en qué momento terminarla, pues sino no habría cuando acabar.
“Esa receta vale para las conferencias, para que no le ocurra al conferencista como me ocurrió a mí hace 6 años en la Huaca de la Luna cuando en lugar de hablar una hora, que es lo máximo que puede hablar un escritor que espera ser escuchado por un publico, me trajo serios inconvenientes con el más serio critico literario que tengo en casa y que es mi mujer. Por eso pongo el punto final y les agradezco por su paciencia”.
Intermedia Trujillo.- Mario Vargas Llosa regresó a Trujillo y a la feria del libro después de 6 años. Volvió esta vez para contar cómo escribe una novela teniendo como fondo el sonido de las olas de Huanchaco, a la altura de la Maquina de Arcilla de Emilio Rodríguez Larraín, obra que se ejecutó en 1987 durante las bienales culturales que vivió Trujillo a finales de los 80 y principios de los 90s.
La organización de la IV Feria levantó sobre la orilla de Huanchaco un estrado debidamente equipado con equipos de iluminación. Aunque ver a Vargas Llosa dirigirse al público con el ocaso rojizo de Huanchaco hubiera sido lo ideal. No fue así, pues aunque nuestro primer novelista llegó a las 6.35 de la tarde, hora precisa del sunset huanchaquero, tuvo que sentarse a espectar el programa de la Municipalidad Distrital de Huanchaco, consistente en las danzas típicas “Los Diablos de Huanchaco” y “Los Negritos de Catamblá”; y los cantos de las “Pallas” y “Pastorcitas”.
Luego de las palabras de rigor y bienvenida a cargo del alcalde de Huanchaco, Fernando Bazán Pinillos y de la presidenta de ATAL, Adriana Doig, bajo tonos amarillos y rojizos fue posible tener solo en el estrado a MVLL, que vestía casaca gris impermeable y camisa desabotonada en el cuello. Lucía –como han apuntado otros medios- más flaco de lo que estamos acostumbrados a verlo en las fotografías.
La primera vez que estuvo en la Feria de Trujillo, Vargas Llosa se dirigió a los trujillanos desde un recinto preparado en la plataforma superior de la Huaca de la Luna y versó sobre Flora Tristán, está vez el tema giró en torno a “Los secretos de un novelista”, y donde contó lo que ya no es un secreto, el tema de su próxima novela: “El sueño del Celta”, que según sus propias palabras aún está en los inicios, e inspirada en Róger Casement, un controvertido personaje irlandés que denunció los abusos en el Congo.
“Adriana Doig Mannucci me hizo dar una conferencia en un escenario qué yo creí que no podría ser superado jamás, la Huaca de la Luna, uno de los sitios más bellos que he visto, y desde el luego el sitio más bello donde yo había dado una conferencia hasta entonces, pero veo que este año, sino ha superado ha encontrado un escenario tan bello, tan inesperado, como el de aquella primera feria”, fueron las primeras palabras del novelista que durante la hora que le tocó estar en este escenario no aburrió para nada y si arrancó más de una carcajada.
LA VERDAD LITERARIA
En la conferencia –ante más de 5 mil personas- que simula ser un diálogo con un periodista, Vargas Llosa defiende la “verdad literaria” por encima de la “verdad histórica”, pero estrictamente cuando se escribe una novela.
“¿Está bien mentir? Eso está bien si escribo una novela. Una novela es una mentira, es una historia que no ha ocurrido, es una historia que ocurre en el papel, con personajes, hechos y acciones pensamientos que son palabras, es una historia que vive allí dentro del libro que la contiene y esa historia debe seducir, persuadir al lector por sus propios medios, pues una novela vive o muere por ella misma, no por cosas que ocurren en la novela una novela puede ser buena pero si no convence al lector entonces le parece una mentira. Lo importante a es que al lector le parezca una verdad, y esa verdad no es una verdad histórica, sino una verdad literaria”, arguyó.
Y citó grandes novelas que ilustran su argumento, caso La Guerra y la Paz, y el mismo Don Quijote.
¿Qué cosa tiene una novela que la realidad no tiene? Pues el orden, la vida diaria es un caos, pero en una novela se conoce lo que hará un personaje, y cuales son las consecuencias de cada acto de los personajes. Las novelas nos dan una idea coherente de la realidad que no es coherente. Por eso un novelista no se debe tener miedo de mentir
Y cuando llegó la hora, decidió cortar su conferencia, pues a similitud de las novelas hay que saber en qué momento terminarla, pues sino no habría cuando acabar.
“Esa receta vale para las conferencias, para que no le ocurra al conferencista como me ocurrió a mí hace 6 años en la Huaca de la Luna cuando en lugar de hablar una hora, que es lo máximo que puede hablar un escritor que espera ser escuchado por un publico, me trajo serios inconvenientes con el más serio critico literario que tengo en casa y que es mi mujer. Por eso pongo el punto final y les agradezco por su paciencia”.






















