Me despiertan hoy con una noticia. Vargas Llosa ha ganado un premio. Vaya, me alegro, otro premio, ya son muchos, bromeo. Pero cuando corro a sintonizar los canales resulta que Frecuencia me dice que el premio no es otro que el codiciado Premio Nobel de Literatura, el mismo que será entregado el próximo 10 de diciembre en Estocolmo. Mi sorpresa es mayúscula y mi alegría es tremenda, como sin duda lo es para muchos escritores que hemos crecido leyendo sus obras.
“Los Jefes”, “Los Cachorros”, “La Ciudad y los Perros”, “La tía Julia y el escribidor”, “Elogio de la Madrastra” y “Cuadernos de don Rigoberto” son algunos de los libros que me depararon más delicia al leerlos. Su trama, el uso y regusto por las palabras son sin duda alguna los signos de su obra, que también no deja a un lado su crítica a la realidad, a los estados totalitarios, pues se ha confesado un liberal completo, un amante de la libertad.
Sabíamos que era metódico, que inspiración lo espera sentado escribiendo, pero lo que me sorprende del cable es cómo recibió la noticia. El presidente del jurado de la Academia Sueca, Peter Englund, ha contado que Vargas Llosa estaba en Nueva York y que esperaba despertarlo pues era las 6.45 de la mañana, sin embargo MVLL estaba despierto desde las 5.00 de la mañana preparando su clase para la Universidad de Princeton.
Un premio merecido para nuestro mejor exponente de las letras peruanas. Desde esta página también nos sumamos a las felicitaciones. (Luis Cabrera – Intermedia Trujillo)














