
Escribe: Econ Richard Vera Morán
La presente crisis financiera mundial, sin duda alguna supera largamente con creces en todos sus extremos a la gran debacle económica mundial de 1929. Las repercusiones globales de la crisis financiera germinada en el sector inmobiliario de EE.UU, se han reflejado en casi todos los países de la comunidad internacional. Paros de trabajadores en España, desempleo generalizado en los EE.UU, disminuciones en las exportaciones de Alemania (economía sólida en la vieja Europa), despidos masivos en Japón, problemas para la venta de los productos Chinos, etc, son algunos de los ejemplos destacables de la crisis en estos tiempos. Además, es la oportunidad para implementar los mecanismos de control de una política seria, que se impongan en los mercados financieros. Si bien es cierto que el efecto final se traduce en una crisis financiera, es ya fundamental entender que existen mercados cuyo comportamiento necesitan cuotas trascendentes de control y regulación. Los mercados financieros y también de capitales, son inestables y fácilmente vulnerables a los Schock externos, de allí la imperiosa exigencia de asumir la insalvable responsabilidad de regularlos. La actual crisis es en cierta medida producto de la cerrada obstinación de argumentar que los mercados se equilibran solos y que los mercados son entidades autorreguladas, lo cuál resulta una falacia increíble. Por estos días Londres (Inglaterra), ha sido sede de una reunión del grupo de los 20, es decir del G-20. Aunque el emporio del G-20, recibió a propósito una contra manifestación pública, esta es una muestra clara que la crisis global, tiene que encararse también globalmente. Es inobjetable así mismo que las conclusiones finales, de por si no han satisfechos a todos los miembros del conglomerado en su mayoría. Francia y Alemania, consideran que las medidas a tomar pasan indefectiblemente por la creación central de una entidad encargada de prever más crisis globales y auspiciar regulaciones en los mercados financieros. Conjuntamente esperan los países participantes el diseño y concreción de políticas comunes para acelerar el proceso de crecimiento económico global, e impulsar el consumo y la demanda mundial, como medida impostergable para incentivar la producción. Otra de las medidas a tomar es el reforzamiento del sistema financiero, y la creación de un fondo que pueda auxiliar a las economías más frágiles y débiles.


































