martes, 2 de octubre de 2007

Discurso por el Día del Periodista

No cedamos, amigos periodistas, los equivocados son ellos y repitamos, imperturbables, sin cansancio: “Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”.




Por Martha Florián


Es para mí una gran satisfacción tener hoy el honor de ofrecer el discurso por la celebración del Día del Periodista. La continua defensa de la verdad y la transparencia no sólo exige un trabajo sacrificado, sino también una vocación de servicio ineludible que exalta la belleza de una profesión que me enorgullece e inspira respeto hacia todos los hombres de prensa, quienes asumen esta labor con responsabilidad y compromiso.
Testigos de una realidad en que la sombra de la corrupción corroe a algunas instituciones públicas, alimentando un desprestigio que va en aumento, y en que muchos funcionarios y autoridades pisotean sin descaro alguno ese respaldo de confianza brindado por la sociedad, los periodistas están obligados a convertirse en una luz de esperanza moral y ética, un lugar de fe para los ciudadanos, donde puedan confiar que la verdad les será revelada sin ningún tipo de condicionamientos, de intereses, ni de influencias perniciosas. Seamos, siempre el reflejo de la veracidad y que nuestra pasión periodística se conjugue con entereza con una pasión por la verdad. Esto, sin embargo, muchas veces recibe el triste puntillazo de la incomprensión y la humillación por parte de quienes piensan que nuestro trabajo representa un mero trámite informativo colmado de favoritismo y beneficios a favor de terceros. No cedamos, amigos periodistas, los equivocados son ellos y repitamos, imperturbables, sin cansancio: “Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”.
El gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski, en su libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, asevera que “nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo, que está en un cambio profundo y dinámico. Día a día tenemos que estar pendientes de todo esto”. Rescato la frase de este maestro para revalorar y destacar la labor reporteril que cumplen los periodistas que salen a las calles para enfrentar el hecho noticioso con astucia, con temperamento, con perspicacia, con agudeza, pero también con mucha sensibilidad. La historia no transcurre en los escritorios, ni en las cuatro paredes de un medio, la historia se pasea velozmente por las calles y allí están los reporteros para contarla, llevarla con precisión a un público que reclama conocer qué hacen sus autoridades, cómo están funcionando las instituciones públicas, qué problemas, adversidades y necesidades afronta el ciudadano común y corriente, pero también para narrar la buena noticia, el comportamiento solidario o la actitud positiva y decorosa de una autoridad.
Por eso, quiero, nuevamente, enfatizar en el valioso aporte del reporterismo - poco reconocido- al trabajo periodístico, pues quienes lo ejercemos o lo hemos ejercido, somos concientes y sabemos, perfectamente, que allí se forma no solamente el inicio de una vocación impregnada con responsabilidad, sino también allí se consolida una eterna relación de entrega y pasión del periodista con su labor. Por eso, considero que el verdadero periodista es aquel que nunca deja de ser reportero, siempre está listo para constatar de primera mano esos procesos sociales que irrumpen diariamente en la vida de nuestra ciudad. Y esa estrechez con la realidad, de manera inequívoca, despierta en el periodista una sensibilidad peculiar, particular y única, que todos los que hemos recorrido las calles en busca de la información lo hemos experimentado.
Esta condición humana del periodista es la misma que lo proyecta a pasar de ser un observador a ser un actor social, que trasciende su visión informativa hacia un plano resolutivo, donde se siente seguro, gracias a su nivel de conocimiento, de poder también contribuir al desarrollo de su comunidad, con propuestas y alternativas de solución de los problemas que arrastra toda sociedad.
Por eso, creo con firmeza que debemos promover el acercamiento de los periodistas al trabajo con perspectiva ciudadana, considerando, en consecuencia, las demandas, expectativas y necesidades de nuestros públicos. Esta perspectiva nos permitirá encarar con certeza la realidad y desde este horizonte vislumbrar una propuesta de cambio y mejora. Tenemos una gran responsabilidad social en la formación de la cultura ciudadana como un ingrediente fundamental para el desarrollo de la ciudad y del país.
Otro punto importante de la labor periodística es la evolución de la tecnología informativa, que, dicho sea de paso, avanza con una velocidad tan impresionante como innovadora. Entonces, los hombres y mujeres de prensa no podemos estar ajenos a la presencia tecnológica porque corremos el peligro de perder los canales de acercamiento hacia las nuevas generaciones. Sin embargo, la tecnología no serviría de mucho sino le damos una utilidad social. ¿Puede la tecnología ser compatible con el periodismo participativo? Creemos que sí, pues puede convertirse en un espacio de debate interactivo que nos acerque más a los ciudadanos y a su problemática.
Las nuevas tecnologías de la comunicación, la globalización de la información y públicos cada vez más exigentes, demandan que los periodistas se adecuen a las nuevas realidades y aprovechen las tecnologías para cumplir con su misión.
Finalmente, como presidenta del Club de Prensa, quiero ofrecer un abrazo muy sincero y franco a todos nuestros asociados. Cada uno de ustedes, con su aporte y con su trabajo honesto, ha contribuido a su engrandecimiento y al fortalecimiento la institución.
Esta realidad demanda también un esfuerzo continuo y permanente, pues nuestro gremio será una organización más sólida y prestigiosa, cuando los periodistas enarbolen, asimismo, su propio prestigio y su propio crecimiento profesional. Y que los diversos homenajes que recibimos en esta memorable fecha sirvan también para seguir asumiendo con dignidad, con valor, con entusiasmo y, sobre todo, con amor, nuestra férrea e impostergable defensa a favor de la verdad.